miércoles, 16 de enero de 2013

Pero lento. Pero pronto.

Pero lento. Pero pronto.
Nos echaremos unas cervezas a la par.
No tengo tu ritmo, ni pretendo seguirlo.
Estaré siempre detrás de ti. Un paso.
No tomo hasta orinarme.
Tomo hasta interesarme en lo que dices, porque mi cerebro se apendeja y no recuerdo mis cosas.
Así que, yo invito la primera ronda, tal vez sea la única que te aguante.

Nos veremos a las 5, en la cantina de siempre, a la que no hemos ido.
Intento conocerte sin hacerte tantas preguntas esta vez.
Dejaré que fluyan las respuestas, como telepatía.
Pero déjate ver. Pero déjate verme.
Hay que vernos pronto, aunque a tu ritmo, yo iré lento.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Hasta que se lo trague la nada.

Le he de construir un columpio en un satélite. Sólo para que agite las piernas y se vaya más alto.

Caligrama

Le escribo cada jueves un caligrama nuevo en el hombro. Se lo borra con cenizas de cigarro que el gato le echa para tapar el frío. Lo tomo, lo arrojo al Sol, se consume. Cuando la tinta se vuelve humo el gato se solidifica y se lo vuelve a borrar.

martes, 2 de octubre de 2012

La gente...

La gente. La gente camina, mueve, mira, bracea, suda, peina, amarra, sujeta, corre, para, baja, recoge, levanta, sigue. Abre, observa, cierra, suspende, sorprende, admira, sigue, respira, elimina, remueve, late, digiere, recorre, limpia. Habla, calla, silba, gruñe, parpadea, traga, mastica, chasquea, truena, gesticula, eructa, tose, inhala (“s” nasal), exhala (“f” oral), piensa, recuerda. La gente no para. La gente sienta, para, descansa, cansa, grita, enoja, bebe, come, lame, saborea, mastica, derrite, vuelve a lamer, chupa, antoja, forma, compra –de vainilla, ¿cuánto es?-, paga, toma, sigue, observa, camina, admira. La gente pierde. La gente siente, llora, grita, ama, envidia. Y otros verbos más, y otras más, todo en un minuto, en 59 segundos, 58, 57… Todo en un instante. Escribe, lee, duda, reflexiona, recuerda, sigue, late, respira, siempre. Acalora, enfría, tapa, descubre, voltea, gira, acomoda. La gente es única, es movible, es gente.

De cómos...


De cómo tiene su cabello lacio y negro; de cómo monta a caballo sin que se le arquen las piernas; de cómo la regañan Silvia y Fernando por sus travesuras en Internet  de cómo lee 800 páginas al día; de cómo inventa cosas sorprendentes; de cómo dice "debe tener palabra"; de cómo se verá usando un traje sastre; de cómo pinta sus uñitas y recoge su pelo; de tantos "de cómos" más. De tantos y tantos más. De unos cuantos que incluyen caballos, que incluyen sirenas, musas traviesas, pies hermosos, hombres que inventa de diferente nacionalidad que al final todos le hablan en español. Al final sólo quiere estar acompañada de un amor. No que le inspire, nomás que le abrace, que le recoja a la salida con los lentes de intelectual. Nomás que la quiera, para escribir "De cómo..." en su blog.

lunes, 1 de octubre de 2012

Cómo las musas les robarían a los desgraciados


Si por cada musa descalza brincando en los charcos Mauricio se pusiera a cazar búhos, se extinguirían. Las musas se han multiplicado tanto que amenazan con poblar el mundo real, despojando a los desgraciados de su hogar, arrebatándoles hectáreas de tierra. El núcleo ya lo poblan 700 personas brincando sobre el magma. Se derriten unas, pero reaparecen, porque algún desgraciado se las imagina mientras escribe un poema, un libro, que luego guarda en un estante peludo y de color café, uno ya muy viejo con facha de heredado. No lo quiere publicar porque teme a las imprentas, las editoriales, que le rechacen su trabajo. Y como nadie le compra ese poema o libro muso-inspirado, pues los otros desgraciados se imaginan a más musas y así hasta que cada habitante real posea 3 musas. La lluvia cada día es más frecuente, erosiona calles, hasta que no forma hoyos no deja de chispear. Forma ya no charcos, sino lagunas donde danzan cientos de mujeres descalzas, algunas con zapatos de tacón lamiéndose el pelo largo y virgen, otras sólo huelen el aire y caminan como perros. Las de las orillas tienden a mudar de charco porque creen que merecen aguas más limpias.
Malditas musas hermosas que se jactan de perfectas poetas analfabetas, con piernas torneadas y brazos estilizados. Desgraciados desgraciados que sin querer pierden su patrimonio por cada mujer que inventan.
Las desgraciadas no han creado hombres candentes porque no han visto uno real, se limitan a vivir con señores 40 años mayor que ellas, con barbas canosas, uñas maltratadas que rozan las finas hojas donde escriben con sus carísimas plumas. Esas mujeres no les inspiran algo, les inspiran nada. Por eso no hay hombres candentes brincando en los charcos, y de haberlos serían estériles, para no procrear más mujercillas brincadoras. Así se vive en algún lugar, que día a día parece más cercano a la Tierra. Los búhos agradecen a Dios que Mauricio no sea poeta.

jueves, 27 de septiembre de 2012

El Otoño


Se deshoja la piel del viejo. La uña, el pulgar, la mano, todo hasta el hombro. El Otoño no ve tallo largo y verde, no distingue rodillas huesudas o muslos bien formados. Senos pezonudos o rocosos. Desmorónase el vientre y coagula la sangre de cada 6. Se le seca la vista, fatiga el olfato, se rompe el oído, y todo... todo para ofrendar el Otoño que viene. Si la vieja osara en tirarse a la pecera y volverse un alga, humedecer sus ganas de vivir, estaría en contra de la ley. Debe procurar escamas, agotar saliva y al final engendrar un hijo seco y coaguloso que sólo viva de semillas. Tiene que tirarse al viento y oler fango. Sembrarse 5 meses pasando Mayo bajo una columna de maíz, convertirse hongo. Regresar al estado natural. El Otoño no procura vida ni sed, sólo te recoge en Octubre.